Blog col·laboratiu

Aquest blog aplega alguns dels escrits fets pels participants en els tallers d'escriptura de la Raquel Picolo.
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dimarts, 9 de maig de 2017

Mi habitación prestada



Mi habitación prestada  


Tengo un vestido prestado, colgado de una percha en la pared, una bufanda que uso también como sombrero. Un peine, un espejito, una flor para el cabello. Un par de zapatos viejos con tantas cicatrices, como órganos extirpados en el camino.

No tengo paraguas ni sombrilla, porque no tengo nada en contra del sol o de la lluvia. Tengo un ropero que tose, cuando abro uno de sus tres cajones. Una tv que quiso ser máquina de escribir y no pudo y que se enciende sola cuando por fin entro en el sueño. 

Tengo una maleta en la que cabe media vida, con gritos y susurros incluidos, con gestos y amenazas también. Algunas fotos de tiempos borrados, perdidos, los que nunca quise perder.

Aquel gran árbol empinado en el monte, aquel rio de azules horizontes, aquella mirada despejada que tuve alguna vez. Todo ello no ocupa lugar en mi maleta, pero sí que pesa lo suyo.

El mundo va hacia atrás como un cangrejo. Yo también ando así, si lo pienso, pasan los años y no tengo más, tengo menos. Menos salud, menos ideas, menos paisajes, menos amor, menos palabras ¡cómo es posible que me haya quedado sin ellas! Menos y menos.

Tengo una agenda que mi padre me regaló, no la utilizo como tal, violo su naturaleza, su razón de existir, debe soportar la punta de mi único lápiz martilleándola, estados de ánimo variados, cenizas rebeldes, pedazos de galleta mal comida.

También tengo una cama con colcha de cuadros, en esta habitación sin luz natural, una gotera incierta, un abismo que va aumentando de tamaño, ¿Dónde me podré cobijar en el futuro? 

Tengo una sola puerta que abrir y cerrar, un submundo teñido de cobre y plomo, una espiral descendente, una alternativa insólita, una opción que los demás no tienen, algo que elijo, porque no tengo otra, porque estoy sola y mi familia está lejos. 

Más allá hay millones de sombras, como espejos, los demás pagan su habitación, a mí me la dan gratis, pobre de mí

 ¿Los amigos donde quedaron? no siguieron mi camino, los que están ahí afuera, solo esperan, solo me acechan hasta lograr quitarme el vestido prestado o decida yo misma, de una vez por todas, devolverlo.

Rosa Muñoz

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